Padre “Pancho” Francisco y Arnoldo Soares
Fue asesinado junto a su hermano
inválido. Por denunciar el asesinato de una de las catequistas de su
parroquia. Esposa de un obrero que junto con otros delegados de ASTARSA
fueron secuestrados, torturados
'Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto.' Jn.12,24

La escena en la madrugada del 13 de
febrero de 1976 lo pudo haber sido más macabra en la pequeña vivienda al
lado de la capilla del madera en el barrio de Carupá, (Provincia de Buenos
Aires).
El vecino que se acercó temprano como era su costumbre diaria para
convidar al padre Pancho con unos mates quedó tan impresionado que
prefiere el silencio para describir el crimen. El cuarto del sacerdote
estaba cubierto de sangre, su cuerpo totalmente desfigurado y sus sesos
desparramados por el piso. Los militares de la Brigada de Tigre habían
operado de tal forma que nadie en el barrio escuchó nada. Aunque, se sabe,
que el terror pudo haber sido tan efectivo como silenciadores. Arnoldo, un
hermano discapacitado del sacerdote, también recibió varios impactos de
bala y falleció, luego de una agonía de varios meses, en el hospital
local.
Casi inmediatamente después, algunas mujeres azoradas juntaron los sesos
del sacerdote en una pequeña caja que enterraron bajo el altar de la
capilla.
Hoy día son los únicos restos que han quedado de las víctimas ya que en
1978 los cuerpos de ambos hermanos fueron substraídos misteriosamente del
cementerio de Tigre y nunca más sus familiares han sabido de su paradero.
Según el otro hermano de Pancho, la voluntad militar de borrar a los
Soares de la Argentina llegó a tal extremo que cuando hace unos años hizo
un trámite en el Registro Nacional de Personas se encontró con la novedad
de que no quedó allí ningún expediente de la familia. Los Soares llegaron
de Sao Paulo Brasil al país en los años veinte pero todo fue destruido en
el Registro. El estado argentino no tenía antecedentes
si quiera de la existencia legal del sacerdote.
El padre Soares y su hermano estuvieron entre las primeras víctimas
eclesiásticas de los militares. Y es llamativo constatar que el mismo
ensañamiento con las víctimas evidenciado en Carupá se repite en casi
todos los otros ataques contra gente de la iglesia (Mons. Angelleli, los
curas de Chamical, el masacre e San Patricio, las hermanas francesas, los
hermanos de la Fraternidad de Foucauld...). La forma del asesinato o
secuestro no dejó dudas sobre el odio explícito de los asesinos hacia sus
víctimas.
Sin duda, fue la contracara al apoyo que la parte más importante
de la a jerarquía brindaba a los militares durante esos años. Si no, ¿cómo
se puede explicar la tibia reacción episcopal ante crímenes
particularmente atroces contra su propia gente? ¿Quien enseñó a los
militares a odiar con tanta furia a los curas, obispos y monjas llamados
'del Tercer Mundo' sino los propios capellanes militares como los obispos
Bonamín, Tortola , Medina etc quienes habían denunciado a estos sectores
como traidores a la 'fe católica, apostólica y romana' desde los años
sesenta.? Esta complicidad eclesial permitió a la dictadura militar
sembrar terror en las comunidades parroquiales y solo hoy se está logrando
reponerse definitivamente de esta situación para re-encontrarse con su
propia historia. No podemos sino estar muy animados por las respuestas que
están surgiendo en las comunidades alrededor de la memoria de los mártires
de la Iglesia.
En sus comienzos instala un taller de zapatos y una cooperativa de la
Comunidad Juan XXIII donde se fabrican baldosas. Traducía libros al
francés como una forma de sustento. Había comenzado a trabajar en la
contaduría del Supermercado Sarmiento poco tiempo antes de su asesinato.'
Semanas antes del hecho había sido amenazado de muerte por su compromiso
con la justicia. Molestaba un cura de estos características al
establishment. y a las fuerzas de seguridad.
'Pancho Soares, sacerdote, mártir, cirineo..
quisiste llevar en tus frágiles hombros, la cruz
de tus hermanos, pobres y sufrientes,
heridos por la injusticia de una sociedad cobarde.
El Señor te llamó, y acudiste y aceptaste
dejar los cómodos salones y las amplias aulas;
tus puras manos cambiaron la tersura de los libros
y se llagaron en el trabajo duro y solidario.
Carupá te vio recorrer sus calles polvorientas
Y tus pasos imprimieron en el barro
las huellas evangélicas de quien
sembraba eternidades en esa historia diaria.
Apóstol de la paz, guerrero ante la lucha
contra el oprobio de hermanos oprimidos,
permaneciendo al lado de quienes no tenían
'otro pan que sus lagrimas' ... y con ellos llorabas.
Pero aún tenía que llegar el tiempo feroz
de las muertes sin sentido, para quienes
sólo reclamaban sus derechos de hijos de Dios
y el sustento de sus hijos, y allí estabas de pie.
Y no tuviste miedo, proclamando los Bienaventuranzas,
Que los insensatos soberbios tomaron como proclamas subversivas;
Pobres necios, valientes sólo con armas en las manos,
Temblaron de pavor ante tu humildad y tus verdades.
Entonces buscaron las sombras, cómplices de los tenebrosos,
Y te hallaron en tu humilde casilla, orando al Señor
con un Cristo en la cruz sobre tu pecho enfermo,
Y creyeron acallarte con la vileza de las balas.
Fiel hasta las últimas consecuencias,
Pancho, hijo del hombre, cirineo y mártir, consagrado;
Tu sangre inocente fertilizó la tierra que abrazaste;
Estás en nuestras almas, alentándonos a continuar tu ejemplo.
Grano de trigo triturado, cáliz amargo, pan sagrado,
entrega feliz en cada Eucaristía, a imitación de Cristo,
testimonio valioso de aquel aceptado sacrificio,
cantando desde el cielo...'no hay mayor amor que dar la vida'
Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo
de Quilmes,
Mesa de
Enlace de Quilmes
Asociación Civil Aguante la Manga