ASOCIACION  CIVIL

D.P.P.J. MAT. 25.179

 ¡¡¡ TODOS SOMOS PALESTINOS !!! 

 ¡¡¡ PONGAMOS ALTO YA AL GENOCIDIO SIONISTA EN GAZA !!!  

 

Sin piedad ni esperanza

Fuente: Sodepaz    Por: Ali Rashid (Il Manifesto/Italia)

Son decenas y decenas los pobres cuerpos de jóvenes destrozados y amontonados delante de los cuarteles en la Franja de Gaza. Alguien todavía está vivo, hace la señal de la victoria con la mano temblorosa. En el mismo momento decenas y decenas de sofisticados F16 y helicópteros apaches, joyas de la industria bélica norteamericana, con precisión y complicidad tecnológica atacan otros objetivos.

Columnas de humo y detritos cubren cielo y tierra. En los hospitales llegan con medios diversos restos humanos de todas las edades en condiciones humillantes. Muchas de las víctimas son niños. En Gaza ha desaparecido desde hace tiempo la piedad. Desde hace tiempo sobre este rincón de Mediterráneo se ha tendido un velo tras el que Israel puede hacer lo que quiera para imponer la rendición total a cambio de una vida vegetativa sin dignidad ni humanidad. Es una matanza anunciada, el Ministro de Exteriores israelí lo ilustró hace tres días en el Cairo, en una rueda de prensa con el Ministro de  Exteriores egipcio. Europa y los Estados Unidos fueron informados de ello, el Ministro de Exteriores italiano lo reveló hace dos días a la radio, esperando una intervención sin daños colaterales.

Los palestinos han sido dejados solos, abandonados. El mundo cubre los crímenes de Israel. Bajo los bombardeos desfilan los cortejos fúnebres con la participación, a veces ordenada y a veces enfadada, de quién no quiere  atemorizarse y no quiere renunciar, aceptando en silencio morir o hundirse en la irrelevancia junto a su causa.

Mientras sobre la pantalla de Al Jazeera salen en directo las imágenes, el portavoz del ejército israelí declara que sólo es el principio de la nueva fase de la guerra contra el terrorismo, concepto remachado por el Ministro de Defensa y secretario del partido laborista Barak.

A diferencia de aquí, aquellas imágenes han llegado en directo a millones y millones de casas en todo el mundo árabe e islámico, junto a aquellas cotidianas que acompañan la triste historia del pueblo palestino desde hace sesenta años, sumando odio al odio y rencor al rencor y poniendo una piedra sepulcral sobre la credibilidad de Occidente, que está listo a mandar nuevas tropas a Afganistán, después de haber destruido Irak, para "restablecer la paz y llevar la democracia y la libertad."

Hoy la esperanza de una solución política aún está más lejana. Los palestinos están cada vez más divididos, Abu Mazen sale aún más debilitado y burlado, las instituciones internacionales son ridiculizadas junto a los líderes árabes "moderados." Los mismos que no han logrado poner punto final al asedio que ha visto bloqueada para un millón y a medio de palestinos, la comida, el agua, el carburante, la electricidad y las medicinas desde hace seis meses durante la  tregua observada por Hamás, ni han logrado garantizar la entrada en los Territorios Ocupados al Enviado para los Derechos Humanos del Secretario de las Naciones Unidas, rápidamente expulsado por las autoridades israelíes. La resistencia palestina contra la bárbara ocupación y la más larga de la historia es un derecho legítimo, sobre este principio no se pueden aceptar compromisos si no es en presencia de un verdadero proceso de paz, con serias garantías de eficacia de parte de la comunidad internacional, y no de un proceso farsa que permite a Israel anexionar otros territorios, violar ulteriores derechos, infligir mayores sufrimientos y lesionar la dignidad de un pueblo poniendo en ridículo sus instituciones democráticas y representativas. Pero el lanzamiento de los misiles artesanales Kassam contra Israel forma parte de una guerra absurda, que aumenta el sufrimiento de los palestinos y les provee a los israelíes de una coartada para perpetrar crímenes, y lleva a una dinámica perversa a  las relaciones Hamas-Al Fatah. Manifiesta también la división en la región entre los llamados radicales y moderados.

Del mismo modo, la enésima matanza forma parte de las dinámicas internas pre-electorales israelíes. Hemos asistido como en las últimas semanas a una competición entre extremismos entre los varios exponentes más importantes de la política israelí en el inicio de su campaña electoral. Esto demuestra de un lado la impermeabilidad israelí a las legítimas reivindicaciones nacionales palestinas con la desnaturalización de la cuestión de la ayudas humanitaria y del otro el desplazamiento a la derecha de la sociedad israelí, que se inclina sólo a quien hace exhibición de los músculos y usa palabras insensatas.

En este momento, en todo el mundo árabe, toma forma una gigantesca oleada de indignación contra los regímenes árabes, que sólo en las últimas horas se han visto obligados a condenar la agresión israelí. Después de meses de silencio, el gobierno egipcio ha mandado a la frontera de Gaza las ambulancias para evacuar a los heridos pero muchos de ellos han rechazado ser transportados. Manifestaciones y choques inflaman Cisjordania y también los palestinos de ciudadanía israelí. Israel declaran que esta guerra esta destinada a perdurar, le hilera de los cuerpos sin vida se alarga frente a la plaza del hospital de Gaza y el estruendo de los bombardeos continúa. El foso entre Occidente y Oriente se agranda aquí a causa de la política israelí y del apoyo incondicional a su política que es dado por los Estados Unidos y Europa. ¿Descubrirá Barack "Hussein" Obama alguna vez la desesperación de Gaza y  Cisjordania? ¿Se dará cuenta del debilitamiento de las alianzas norteamericanas en la región? ¿Y que no son las guerras sino la solución de la cuestión palestina lo que está a la orden del día? De otro modo el riesgo es que el lanzamiento de zapatos contra los regímenes corruptos podría revelarse bien pronto un arma despuntada y tardía

Israel no tiene intención alguna de reconocer a un Estado palestino


Si Hamas no existiese

Fuente: Rebelion    Por: Jennifer Loewenstein

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Vamos a dejar algo palmariamente claro. Si es que va a proseguir la sistemática mutilación y degradación de la Franja de Gaza; si la voluntad de Israel va en sincronía con la de EEUU; si la Unión Europea, Rusia, las Naciones Unidas y todas las agencias y organizaciones legales internacionales que se extienden por todo el globo van a continuar sentadas como huecos maniquíes sin hacer nada más que repetir “llamamientos” al “alto el fuego” a “ambas partes”; si los cobardes, obsequiosos y perezosos Estados árabes van a seguir observando en estos momentos cómo sus hermanos son asesinados mientras los ojos de la amenazadora Superpotencia mundial les amenaza desde Washington para que ni se atrevan a decir algo que le pueda molestar; entonces, déjennos al menos contar la verdad sobre las razones por las que se está perpetrando ese infierno sobre la tierra.

El estado del terror desencadenado desde los cielos y sobre la tierra contra la Franja de Gaza no tiene nada que ver con Hamas. No tiene nada que ver con el “Terrorismo”. No tiene nada que ver con la “seguridad” a largo plazo del Estado judío o con Hizbullah o Siria o Irán, excepto en la medida en que agrava las condiciones que han llevado a la crisis actual. No tiene nada que ver con la evocación de “guerra” alguna: un cínico y excesivamente utilizado eufemismo que no implica más que la sistemática esclavitud de cualquier nación que se atreva a proclamar sus derechos soberanos; ese atrevimiento implica afirmar que sus recursos son suyos y que no quieren ver establecerse sobre su querida tierra ninguna de las obscenas bases militares del Imperio.

Esta crisis no tiene nada que ver con la libertad, la democracia, la justicia o la paz. Nada que ver con Mahmoud Zahhar o Jalid Mash’al o Ismail Haniyeh. Ni con Hassan Nasrallah o Mahmoud Ahmedineyad. Todos esos no son más que actores circunstanciales que han conseguido un papel en la actual tempestad sólo en estos momentos mientras que durante 61 años se ha venido permitiendo el desarrollo de la catástrofe actual. El factor islamista ha servido para empañar y continuará empañando la atmósfera de la crisis; ha agrupado a los dirigentes actuales y movilizado a amplios sectores de la población mundial. Los símbolos fundamentales son hoy islámicos: las mezquitas, el Corán, las referencias al Profeta Muhammad y a la Yihad. Pero esos símbolos podrían desaparecer y el impasse continuaría.

Hubo un tiempo en que Fatah y el FPLP parecían triunfar; cuando muy pocos palestinos tenían algo que ver con las políticas y los políticos islámicos. Esas políticas no tienen nada que ver con los primitivos cohetes que se disparan sobre la frontera, ni con los túneles de contrabando y el mercado negro de armas; al igual que el Fatah de Arafat tenía poco que ver con las piedras y los suicidas-bomba. Las asociaciones son casuales; creaciones de un determinado entorno político. Son el resultado de algo completamente diferente de lo que los políticos mentirosos y sus analistas les cuentan. Se han convertido en parte del paisaje de los eventos humanos en el Oriente Medio moderno actual; pero del mismo modo podrían haber ocupado su sitio elementos fortuitos igual de letales, igual de recalcitrantes, mortíferos, destemplados o incorregibles.

Descarten los clichés y la vacua neolengua voceados a través de los serviles medios de comunicación y su patético cuerpo de voluntarios sirvientes estatales en el mundo occidental, y con lo que se van a encontrar es con el deseo puro y duro de hegemonía; de poder sobre los débiles y de dominio sobre las riquezas del mundo. Peor aún, se encontrarán con que el egoísmo, el odio y la indiferencia, el racismo y el fanatismo, el egotismo y el hedonismo que tratamos a duras penas de ocultar con nuestra jerga sofisticada, nuestras refinadas teorías y modelos académicos, ayudan actualmente a guiar nuestros deseos más abyectos y miserables. La insensibilidad con la que nos permitimos todo es endémica a nuestra propia cultura y prospera aquí como las moscas sobre un cadáver.

Descarten los símbolos y el lenguaje actuales de las víctimas de nuestro egoísmo y devastadores antojos y se encontrarán con los gritos sencillos, apasionados y sin afectación alguna de los oprimidos; de los “miserables de la tierra” suplicándoles que cesen su fría agresión contra sus niños y sus hogares; sus familias y sus pueblos; suplicándoles que les dejen en paz para poder conseguir sus peces y su pan, sus naranjas, sus olivos y su tomillo; preguntándoles primero cortésmente y después con creciente desconfianza por qué no les pueden dejar que vivan sin problemas sobre la tierra de sus ancestros; sin explotarles, libres del temor a ser expulsados; a salvo de violaciones y devastación; libres de permisos y bloqueos de carreteras y controles y cruces de frontera; de monstruosos muros de hormigón, de torres de vigilancia, de búnkeres de hormigón y alambradas de espino; de tanques y prisiones y torturas y muerte. ¿Por qué la vida es imposible sin esos infernales instrumentos y políticas?

La respuesta es: porque Israel no tiene intención alguna de permitir un estado palestino soberano y viable junto a sus fronteras. No tenía intención alguna de permitirlo en 1948 cuando se apropió del 24% más de tierra de la que legalmente, aunque injustamente, le concedía la Resolución 181 de la ONU. No tenía intención de permitirlo con las masacres y estratagemas de la década de 1950. No tenía intención alguna de permitir dos estados cuando conquistó el 22% de la tierra que quedaba de la Palestina histórica en 1967 y reinterpretó a su antojo la Resolución 248 del Consejo de Seguridad de la ONU a pesar del abrumador consenso internacional que afirmaba que Israel recibiría un completo reconocimiento internacional, dentro de fronteras reconocidas y seguras, si se retiraba sólo de las tierras que había recientemente ocupado.

No tenía intención alguna de reconocer los derechos nacionales palestinos en las Naciones Unidas en 1974, cuando –sólo con EEUU- votó contra una solución de dos estados. No tenía intención de permitir un acuerdo de paz global cuando Egipto estaba dispuesto a firmarlo, pero recibió, y obedientemente aceptó, una paz separada excluyente de los derechos de los palestinos y los restantes pueblos de la región. No tenía intención alguna de trabajar por una solución justa de dos estados en 1978 ni en 1982, cuando invadió, bombardeó, atacó y arrasó Beirut para poderse anexionar Cisjordania sin problemas. No tenía intención de reconocer un estado palestino en 1987 cuando la primera Intifada se extendió por la Palestina ocupada, hasta la Diáspora y hasta los espíritus de los desposeídos del mundo, ni cuando Israel ayudó deliberadamente al recién formado movimiento Hamas a fin de que socavara la fortaleza de las facciones más laicas y nacionalistas.

Israel no tenía intención alguna de reconocer un estado palestino ni en Madrid ni en Oslo, donde la OLP fue suplantada por la temblorosa y colaboracionista Autoridad Nacional Palestina, demasiados de cuyos compinches se agarraron a las riquezas y prestigio que se les otorgó a expensas de su propio pueblo. Cuando Israel transmitió a los satélites y micrófonos del mundo sus deseos de paz y de una solución de dos estados, había duplicado ya el número de colonos judíos ilegales sobre el terreno en Cisjordania y alrededor de Jerusalén Este, anexionándoselos mientras construye y continúa levantando una superestructura de carreteras y autopistas de circunvalación por encima de las restantes y machacadas ciudades y pueblos de la tierra de Palestina. Se ha anexionado el Valle del Jordán, la frontera internacional de Jordania, expulsando a cualquier “local” que habitara en esa tierra. Habla con lengua viperina de las amputaciones múltiples de Palestina cuya cabeza pronto será separada de su cuerpo en nombre de la justicia, la paz y la seguridad.

Mediante las demoliciones de casas, los ataques contra la sociedad civil que intentaron arrojar la historia y la cultura palestina a la sima del olvido; mediante la atroz destrucción de los lugares con campos de refugiados y de los bombardeos de infraestructuras de la segunda Intifada, mediante asesinatos y ejecuciones sumarias, junto a la inconmensurable farsa del desenganche y hasta la anulación de las elecciones palestinas libres, justas y democráticas, Israel ha dado a conocer una y otra vez sus puntos de vista con el lenguaje más fuerte posible, el lenguaje del poderío militar, de las amenazas, de la intimidación, del acoso, de la difamación y la degradación.

Israel, con el incondicional y aprobador apoyo de Estados Unidos, ha dejado totalmente claro al mundo entero una y otra vez, repitiendo en todas sus acciones, una tras otra, que no aceptará un estado viable palestino junto a su frontera. ¿Qué es lo que aún nos queda por escuchar al resto de nosotros? ¿Qué puede poner fin al silencio criminal de la “comunidad internacional”? ¿Qué puede hacernos ver las mentiras y la adoctrinación del pasado ante lo que está teniendo lugar día tras día a la vista de los ojos de todo el mundo? Cuanto más horrendos son los hechos sobre el terreno, más insistentes son las palabras de paz. Escuchar y observar sin oír ni ver permite que la indiferencia, la ignorancia y la complicidad continúen y hagan más profunda nuestra vergüenza colectiva con cada nueva tumba.

La destrucción de Gaza no tiene nada que ver con Hamas. Israel no aceptará ninguna autoridad sobre los territorios palestinos que no pueda finalmente controlar. Cualquier persona, dirigente, facción o movimiento que no acceda a las demandas de Israel o que busque una soberanía genuina y la igualdad de todas las naciones en la región; cualquier gobierno o movimiento popular que exija la aplicación del derecho humanitario internacional y de la declaración universal de los derechos humanos para su propio pueblo será inaceptable para el Estado judío. Los que sueñan con un estado deben obligarse a preguntarse a sí mismos qué es lo que haría Israel con una población de cuatro millones de palestinos dentro de sus fronteras cuando comete con una pauta diaria, cuando no horaria, crímenes contra ese colectivo humano mientras vive junto a sus fronteras? ¿Qué hará que de pronto la raison d’être, el autoproclamado propósito de la razón de ser de Israel cambie si se le anexionan de forma rotunda los territorios palestinos?

La sangre del Movimiento Nacional Palestino fluye hoy por las calles de Gaza. Cada gota riega de venganza, amargura y odio no sólo Palestina sino todo Oriente Medio y gran parte del mundo. Tenemos que decidir ya si este estado de cosas puede o no continuar. Ha llegado el momento de elegir.

Jennifer Loewenstein es Directora Asociada del Programa de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de Wisconsin-Madison. Puede contactarse con ella en: amadea311@earthlink

 


¿Por qué Israel bombardea una universidad?

Soy becario de la Fundación Fulbright y profesor de literatura norteamericana en la Universidad Islámica de Gaza. En tal condición, siempre preferí mantenerme al margen del conflicto entre Israel y Palestina, ya que siempre entendí que mi deber es enseñar los valores de la convivencia pacífica. Pero el ataque masivo de Israel contra la Franja de Gaza me obliga a una manifestación.

Ayer por la noche, durante la segunda jornada consecutiva de ataques de Israel a Gaza, los más violentos que se han vivido por aquí, fui despertado por el ruido estremecedor de un bombardeo continuado, cerrado. Cuando me di cuenda de que el blanco era mi universidad, destruida por aviones F-16 fabricados en los Estados Unidos, percibí que los supuestos "ataques selectivos" ya no tenían nada de selectivos. Políticos y generales israelíes habían afirmado que la Universidad Islámica de Gaza sería un "aparato" de Hamás para formar terroristas.

Esto es mentira.

Como profesor independiente, sin afiliación partidaria, afirmo que la Universidad Islámica de Gaza, así como las universidades católicas y las pontificias en todo el mundo, es una institución académica que abarca un amplio espectro de tendencias políticas. La conozco bien, como una prestigiosa universidad que estimula la libre expresión y la circulación de ideas.

Si mi declaración les resulta excesivamente personal y comprometida, los invito a visitar la página web de la UIG (www.iugaza.edu.ps/eng) y a conocer su historia, sus departamentos, los estudios que allí se desarrollan. Podrán enterarse de su presencia en numerosas redes y centros académicos de todo el mundo. Podrán conocer el trabajo de sus profesores, estudiantes e investigadores, los premios y becas de estudio que cotidianamente reciben por parte de reconocidas instituciones en todo el mundo.

¿Por qué Israel bombardea una universidad? No lo sé. Pero Israel ayer no bombardeó apenas mi universidad. Bombardeó mezquitas, farmacias y casas de familia. En el campo de refugiados en Jabaliya, los ataques mataron a cuatro niñas pequeñas, todas de la familia Balousha. En Rafah, murieron tres hermanos: de seis, doce y catorce años. También perdieron la vida una madre y su hijo de un año, de la familia Kishko, en la ciudad de Gaza.

Son actos que nada puede justificar. Dios ordenó al pueblo elegido: "No matarás. No invadirás la casa de tu vecino". Dios no elegiría a su pueblo, ni a pueblo alguno, para matar a sus vecinos y robar la tierra en que todos plantan y todos comen. Los blancos que Israel está adoptando son decisiones de su gobierno. Un gobierno que ha elegido deliberadamente matar palestinos. Lleva a cabo en Gaza un genocidio semejante al que otros imperios invasores ya practicaron en otras partes del mundo contra poblaciones originarias. Ningún genocidio es admisible.

Akram Habeeb Franja de Gaza, Palestina

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