No
podemos concluir el mes de Marzo sin antes honrar con una humilde
nota la memoria de un paladín de la defensa de los pobres en Latino
América especialmente en su pueblo El Salvador, nos referimos a
Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
Monseñor
Romero como se le conoce en toda la América hispana pagó el precio más
alto que un ser humano puede pagar ofreciendo su propia vida y siendo
sacrificado en el altar de la capilla de un hospital mientras oficiaba
el sacramento de la Eucaristía, el día 24 de Marzo del 1980 por
fuerzas paramilitares quienes pretendieron callar de una vez por todas
sus reclamos de justicia e igualdad para la nación Salvadoreña.
Su labor
como sacerdote comienza en la parroquia de Anamorós, trasladándose
poco después a San Miguel, donde durante 20 años realiza labor
pastoral: impulsa movimientos apostólicos como la Legión de María, los
Caballeros de Cristo o los Cursillos de Cristiandad; desarrolla obras
sociales como "Alcohólicos anónimos" o Cáritas; promueve la
construcción de la Catedral de San Miguel y favorece la devoción a la
Virgen de la Paz. En esos años, su trabajo es el de un sacerdote
dedicado a la oración y la actividad pastoral, pero todavía sin un
compromiso social evidente. Mientras, el país vive sumido en un caos
político: se suceden los golpes de estado en los que el poder queda
casi siempre en manos de los militares.
En 1966 Monseñor fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de
El Salvador. Comienza así una actividad pública más intensa que viene
a coincidir con un periodo de amplio desarrollo de los movimientos
populares que se manifestaría de forma evidente apenas un año más
tarde con la primera huelga general obrera. Su nombramiento como
obispo auxiliar de Monseñor Luis Chávez y González, en 1970, no fue
bien visto por los sectores más renovadores: Monseñor Chávez y
González y Monseñor Rivera (también obispo auxiliar) estaban
impulsando los cambios pastorales que el Vaticano II y la Conferencia
de Medellín de 1968 exigían para el desarrollo de una nueva forma de
entender el papel de la Iglesia Católica en América Latina y los
planteamientos de Monseñor Romero, nombrado además director
del periódico Orientación, eran todavía muy conservadores.
Nombrado Obispo de la Diócesis de Santiago de
María, se traslada a la misma en diciembre de 1974.
El contexto
político se caracteriza sobre todo por una especial represión contra
los campesinos organizados. En junio de 1975 se producen los hechos de
Tres Calles: la Guardia Nacional asesina a 5 campesinos. Monseñor
Romero llega a consolar a los familiares de las víctimas y a celebrar
la misa. No hace una denuncia pública de lo ocurrido, como le habían
pedido algunos sectores, pero sí envía una dura carta al presidente
Molina.
El nombramiento de Monseñor
Romero como arzobispo de San Salvador, el 23 de febrero de 1977, es
una sorpresa negativa para el sector renovador, que esperaba el
nombramiento de Monseñor Rivera, y una alegría para el gobierno y los
grupos de poder, que ven en este religioso de 59 años un posible freno
a la actividad de compromiso con los más pobres que estaba
desarrollando la Arquidiócesis. Sin embargo, un hecho ocurrido apenas
unas semanas más tarde, que se revelará decisivo en la escalada de
violencia sufrida en El Salvador, va a dejar clara la futura línea de
actuación de Romero: el 12 de marzo es asesinado el padre jesuita
Rutilio Grande, hombre progresista que colaboraba en la creación de
grupos campesinos de autoayuda y buen amigo de Monseñor. El recién
electo arzobispo insta al presidente Molina para que investigue las
circunstancias de la muerte y, ante la pasividad del gobierno y el
silencio de la prensa a causa de la censura, amenaza incluso con el
cierre de las escuelas y la ausencia de la Iglesia católica en actos
oficiales.
La
postura de Óscar Romero, cada vez más "peligrosamente" comprometida
con el pueblo, comienza a ser conocida y valorada por el contexto
internacional: el 14 de febrero de 1978 es nombrado Doctor Honoris
Causa por la Universidad de Georgetown (EE.UU); en 1979 es nominado al
Premio Nóbel de la Paz y en febrero de 1980 es investido Doctor
Honoris Causa por la Universidad de Lovaina (Bélgica). En ese viaje a
Europa visita a Juan Pablo II en el Vaticano y le transmite su
inquietud ante la terrible situación que está viviendo su país. En
efecto, en 1980 El Salvador vivía una etapa especialmente violenta en
la que sin duda el gobierno era uno de los máximos responsables. La
Iglesia calcula que, entre enero y marzo de ese año, más de 900
civiles fueron asesinados por fuerzas de seguridad, unidades armadas o
grupos paramilitares bajo control militar. De todos era sabido que el
gobierno actuaba en estrecha relación con el grupo terrorista ORDEN y
los escuadrones de la muerte.
Apenas llegado de su viaje, el 17
de febrero, el arzobispo Romero envía una carta al presidente Carter
en la que se opone a la ayuda que EEUU está prestando al gobierno
salvadoreño, una ayuda que hasta el momento sólo ha favorecido el
estado de represión en el que vive el pueblo. La respuesta del
presidente estadounidense se traduce en una petición al Vaticano para
que llame al orden al arzobispo. Sin embargo, en otros países continúa
el reconocimiento a la labor de Romero: por esas mismas fechas, recibe
el premio de la Paz de Acción Ecuménica Sueca.
El cerco se cierra: a fines
de febrero, Héctor Dada, miembro de la Segunda Junta de Gobierno de El
Salvador, informa a Monseñor de que tiene conocimiento de amenazas de
muerte contra su propia persona y contra el Arzobispo; Romero recibe
también un aviso de amenazas de similar seriedad por parte del Nuncio
Apostólico en Costa Rica, Monseñor Lajos Kada y a comienzos de marzo
es volada una cabina de locución de la emisora YSAX, La Voz
Panamericana, que transmitía sus homilías dominicales. Los días 22 y
23 de marzo, las religiosas que atienden el Hospital de la Divina
Providencia, donde vive el Arzobispo, reciben llamadas telefónicas
anónimas que lo amenazan de muerte. Finalmente, el 24 de ese mismo
mes, Óscar A. Romero es asesinado por un francotirador mientras oficia
misa en la Capilla de dicho Hospital.
Los funerales, celebrados en
la Catedral Metropolitana de San Salvador el 30 de Marzo de 1980, se
convirtieron en una batalla campal en la que las fuerzas de seguridad
acometieron contra miles de salvadoreños concentrados en la plaza de
la catedral, entre los que se encontraban miembros del Bloque Popular
Revolucionario. El resultado: más de 40 muertos y doscientos heridos.
Al asesinato
de Monseñor le siguieron otros actos de violencia terribles contra una
Iglesia comprometida con el pueblo salvadoreño, como la violación y
asesinato de tres monjas y una seglar estadounidense el 2 de diciembre
de 1980 o el asesinato de seis sacerdotes jesuitas por escuadrones de
la muerte en noviembre de 1989. Dichos actos se insertaron en un
periodo convulso de enfrentamiento entre el poder represor y las
guerrillas del FMLN que se prolongaría durante más de una década.
Muchos latinoamericanos aun lamentamos la perdida de tan valioso Angel
tanto en lo espiritual como en su defensa social fue un verdadero
ejemplo a seguir. Existe actualmente un movimiento para la
beatificación de Monseñor Romero. Monseñor Jesús Delgado asegura que
la Iglesia Católica ya determinó quién planificó la muerte de Monseñor
Óscar Arnulfo Romero y quién fue el francotirador que lo asesinó.
"Tenemos una investigación que determinó tanto al asesino intelectual
como al que disparó", dijo el párroco de la catedral metropolitana,
donde está enterrado Romero. Y que tiene a cargo la postulación de la
beatificación de Monseñor Romero en el Vaticano.
Delgado afirma que, por disposiciones canónicas, la Iglesia Católica
aún no puede revelar nombres. "Tienen que pasar dos generaciones para
que la información pueda ser consultada. Por el momento, se encuentra
en los archivos secretos del Vaticano y ya fue estudiada para la causa
de beatificación". Es decir, la información sólo podrá ser consultada
cuando transcurran unos 80
años.
FEDERACION
DE ENTIDADES DE FOMENTO Y ORGANIZACIONES LIBRES DEL PUEBLO DE QUILMES
MESA DE ENLACE DE QUILMES
ASOCIACION
CIVIL AGUANTE LA MANGA