Vecinos de Quilmes quieren
frenar el delito
Una joven violada y asesinada que quería ser
enfermera
Se suceden robos y asesinatos en el barrio
Santa Lucía
LA
PLATA.- Paola Soria tenía 20 años y quería ser enfermera. Vivía en un
barrio muy pobre de Quilmes, Santa Lucía, que está entre dos
asentamientos: La Matera y la villa Kilómetro 13. Paola se había
inscripto en la Cruz Roja de Lanús para hacer el curso de enfermería,
que comenzaba el lunes 17 de marzo. Mientras tanto, para ganar algo de
dinero y colaborar con sus padres, Daniel y Viviana, cuidaba a sus
sobrinos cuando su tía se iba a trabajar. Hacia allí se dirigía el
martes 11 de marzo pasado, a las 7, pero no pudo llegar.
No había caminado 200 metros, cuando un grupo
de hombres la obligó a entrar en una casa que estaba en la calle 885 y
Santa Fe. Estaba, porque en esa esquina ahora sólo hay un terreno. Los
vecinos incendiaron y tiraron abajo la casa, que era un aguantadero,
cuando supieron lo que le habían hecho a Paola.
Al padre le tiemblan los labios cuando habla
de su hija. "Ahí la violaron y la mataron. Después, la tiraron al
arroyo... Yo veía cómo apuraban a la gente. No me voy a meter, decía,
a ver si se desquitan con mi familia. Yo veía lo que hacían, cómo
apretaban a la gente, cómo se drogaban... Si no me hubiese callado,
hoy tenía conmigo a mi hija", dijo el hombre.
Daniel Soria le hizo una promesa a los
vecinos. "Estoy peleando para que ahí, donde estaba ese aguantadero,
pongan un destacamento. Lo que me mantiene peleando son mis dos hijas,
mi hijo y que, cuando pasó lo de mi hija, se hubiera levantado todo el
barrio. Mi promesa con los vecinos es que iban a contar siempre
conmigo para limpiar a toda la lacra del barrio."
Matar por un par de
zapatillas
El crimen de Paola fue el último de una serie
de cuatro casos. "En noviembre mataron a Luis, un hombre que vivía en
la otra cuadra. Lo mataron por cinco pesos y el celular. Y un mes
antes de lo de mi hija matan a un pibe de 18 años. Se llamaba Sergio
González. Lo mataron en el puente del arroyo para robarle dos pesos y
un par de zapatillas. ¡Ah! En enero mataron a otro pibe; no me acuerdo
de cómo se llamaba", contó Soria.
Una vecina, Carina, relató: "La policía no
viene al barrio y los pibes se tiroteaban de esquina a esquina a las
cuatro de la tarde. Para ir a trabajar, por la madrugada, tenemos que
salir en grupos. Lo mismo, para llevar los chicos a la escuela. No es
normal llevar a tu hijo a la escuela con una tijera o una punta
escondida en la manga".
Teresa Ramos vive en ese barrio y tiene un
autoservicio. La asaltaron 66 veces. El último robo ocurrió el 11 de
agosto. "Ese día -contó la mujer- le pegaron un tiro a mi hija, Luz
Marina. Le robaron todo, pero igual le pegaron un tiro. Ya no quiero
estar en mi negocio".
Dijo Soria que ha asumido el rol de líder en
esta zona jaqueada por la inseguridad: "Le echo la culpa al Estado.
Necesitamos más seguridad en el barrio, para que no pasen estas
cosas... Y ojalá que los que le hicieron eso a mi hija no salgan más.
Que no obliguen a la gente a tomar justicia por mano propia. Si uno de
esos se acerca a una chica, acá lo linchan. Ninguno va a tolerar más
que pase una cosa así".
En el barrio El
Progreso, rodeado por dos villas de emergencia, organizaron un
sistema de alarmas en la calle y en casas
Con el Plan Alerta,
los vecinos del barrio El Progreso quieren recuperar la calle y no
quedarse encerrados Foto: Willy Gómez
Por Ramiro Sagasti
De la Redacción de LA NACION
LA PLATA.- En las calles del barrio El
Progreso, de Quilmes, hay carteles que dicen: "Plan Alerta, cuadra
controlada por los vecinos en contacto directo con la policía".
También hay, en algunos postes de iluminación, unas bocinas y unos
botones rojos para activar la alarma en la calle. En las casas de las
familias que participan del plan también hay pulsadores. Esta es la
manera que encontraron los vecinos para intentar frenar los robos, que
allí ocurren todos los días.
Luis César Peralta, que vive en el barrio y
confeccionó las alarmas, dijo: "Empezamos hace nueve meses y ya se
hicieron 16 detenciones con estas alarmas. Es un barrio de gente
mayor, vulnerable. Hay intrusos, pero acá lo más peligroso son los
arrebatos con violencia. Los ladrones están a la pesca de teléfonos
celulares, carteras... Para eso están los botones de pánico: hay dos
por cuadra".
Los habitantes del barrio caminan, todos los
días, por las calles Neuquén y Chubut para llegar a la avenida Mitre,
donde pasan todas las líneas de colectivos que los conectan con el
centro. Allí colocaron alarmas, ya que son comunes los arrebatos
durante la madrugada y la mañana, cuando la gente sale a trabajar o a
estudiar.
Baby, que vive en el barrio desde hace muchos
años, dijo: "La alarma no sólo sirve para asustar a los delincuentes.
También sirve para pedir ayuda. Los vecinos la hacemos funcionar
perfectamente. La policía reaccionó rápidamente cuando la activamos.
El problema es la Justicia. En una semana, la misma fiscalía detuvo y
liberó, dos veces, a un tipo que intentó entrar en dos casas".
"Rodeados"
"Lo que pasa es que estamos rodeados. ¿Ves?",
dijo Peralta, y señaló con el mentón la esquina de su casa: allí hay
un terreno en la que sólo hay pasto ralo y tierra seca; detrás, un
boulevard, con una cancha de fútbol casi teórica y, más allá, una
villa de emergencia enorme. Otro vecino, Jorge, dijo: "Acá es común el
afano. A mí me afanaron. A él lo afanaron. A todos nos afanaron. Te
sacan los medidores de gas, los caños... Por suerte no tuvimos una
desgracia. Los que nos están jodiendo son los rateros. Sabés hasta los
nombres de los que vienen a robar. Tenemos la suerte de estar entre
estas dos villas, qué le vas a hacer..."
El Progreso está entre dos
asentamientos: la villa Itatí, una de las más grandes de la Argentina,
donde viven 70.000 personas, y la villa Azul, que es más chica pero
igual de peligrosa. Son dos ejemplos inexorables de la ausencia del
Estado: los derechos se diluyen en arroyos -o vertederos industriales-
que cruzan urbanizaciones abandonadas; el aire huele a cosas
incineradas: cueros, basura química, grasa, plásticos, huesos, metales
todo junto. En todo Quilmes viven 700.000 personas; 120.000 lo hacen
en villas.
En esta zona, según la policía, los
vendedores y los consumidores de "paco", proliferaron como en ningún
otro lado. "Es probable que muchos rateros sean adictos al "paco" y
que roben caños y medidores para comprar droga. Esta es una zona muy
problemática. Todo el partido de Quilmes está rodeado de villas, y
está a la cabeza de los operativos antidroga", dijo el presidente del
foro de Seguridad de ese distrito, Aníbal Ferrante.
"¿Querés ver cómo funciona la alarma?"
Peralta pulsó el botón de su casa. Una pequeña luz roja que está en el
frente de su vivienda se encendió. "Ahora estamos colocando estas
luces, para que sepamos en qué casa se accionó la alarma". La alarma
empezó a sonar y veinte personas salieron a la calle. Se acercaron
chicos en bicicleta. Peralta les explicó que había sido una
demostración.
Baby contó que si bien las alarmas las
colocaron hace nueve meses, los vecinos se empezaron a organizar en
2005. "A todos nos asaltaron por lo menos una vez -dijo la mujer-.
Esto era tierra de nadie y nosotros sólo salíamos de casa para
trabajar, estudiar o hacer los mandados. Entonces decidimos recuperar
las calles".
- ¿Cómo lo
hicieron?
-Nos empezamos a juntar los sábados a la
tarde en esa esquina -señaló las calles Falucho y Neuquén-. Los
chicos, a jugar a la pelota o a andar en bicicleta; los mayores, a
jugar al tejo y tomar mate. Antes ni se enteraban de lo que ocurría en
la casa de al lado y ahora hasta festejaron juntos la Navidad.
El boulevard que separa el barrio El Progreso
de las villas es una frontera imaginaria. El presidente del
foro de seguridad aclara, una y otra vez, que en las villas no viven
sólo delincuentes, sino que tal vez son las víctimas más indefensas de
la inseguridad (ver aparte).
Pero los vecinos insisten con su postura. "Lo
de allá en la esquina, el terreno, era un basural. La basura atrae a
los delincuentes. Ahí vamos a hacer una placita. Lo que está atrás es
para ellos...", dijo Peralta. Acotó Pablo, otro vecino: "Nosotros no
nos podemos meter en la cancha de fútbol. Es para ellos". Y Jorge
sentenció: "Que ellos no vengan acá y nosotros no vamos para allá".
La lucha contra el
"paco"
LA PLATA.-
La proliferación de la comercialización y el consumo de pasta base de
cocaína es el fenómeno que más preocupa a las autoridades de Quilmes.
El secretario de Gobierno, Raúl Oviedo, dijo que "hay asaltos a mano
armada, homicidio, pero lo más común es el arrebato cerca de las
villas Itatí, Azul, Los Eucaliptos, Los Alamos, dominadas por el
«paco»". Allí están trabajando nueve foros de seguridad y la
Subsecretaría de Seguridad Ciudadana, a su cargo, que "es el nexo
entre los vecinos y la policía. "Además, hacemos operativos con la
Secretaría de Salud para actuar contra el consumo de «paco»", dijo.
Opinión
Lectores de La Nación
-
13.09.0811:41
- La situación social es
muy grave, y si no se adoptan medidas excepcionales va a empeorar,
ya que los vecinos se armarán en defensa propia y habrá muertes.