El golpe está en
marcha
Rubén Dri
El golpe está en marcha.
Uno puede cerrar los ojos y negarlo, pero hoy no es posible dudar.
"Si nos quedamos acá tenemos que estar dispuestos a lo peor";
"estamos en guerra"; "esto es una revolución". Son frases que
jalonan los cortes de ruta motorizados por una derecha que sabe lo
que quiere y una izquierda estúpida que cree que está haciendo la
revolución.
Lo que está
en marcha es efectivamente una "revolución", pero una revolución
conservadora neoliberal que quiere la anulación práctica del Estado,
que de una u otra manera entorpece sus sucios y multimillonarios
negocios. De parte del gobierno hay una parálisis sumamente
peligrosa. Las acciones de ayer, el intento de abrir la ruta 14, no
hicieron más que potenciar la marcha de la derecha golpista.
Narra el
evangelista Marcos que cuando Jesús llega con los militantes de su
movimiento a la población de Betsaida le presentaron un ciego para
que lo curase. Jesús "después de mojarle los ojos con saliva, puso
sus manos sobre él y le preguntó '¿Ves algo?', el ciego que empezaba
a ver, dijo: 'Veo a los hombres como si fueran árboles que
caminan'". Gran parte de la sociedad ve la marcha del golpe como si
fuesen árboles que caminan.
Continúa la
narración: "Luego, le puso nuevamente la mano en los ojos y éste
empezó a ver perfectamente y quedó sano, ya que de lejos veía
claramente todas las cosas". El verbo griego utilizado enéblepen,
pretérito imperfecto de blépo, no significa sólo ver, sino ver
críticamente. Todo el pasaje se refiere a la comunidad que debe
abrir los ojos y comprender qué está sucediendo.
Una de las mentiras más
perversas de las tantas con que la gran prensa nos inunda todos los
días es la de la lucha de los "pequeños productores" como si éstos
actualmente estuviesen en la Federación Agraria, en la que, en
realidad, están los rentistas, que mientras sus campos siguen
produciendo pueden darse el lujo de pasar sus días en la ruta.
Los pequeños productores
están en otra parte, en el Mocase, en el Mocaflor, en el Mocaju, en
el Mam, en una palabra en el Frente Nacional Campesino que debe
luchar a brazo partido para que los que hoy cortan ruta no los
despojen de sus campos. Éstos no podrían hacer un paro indefinido.
Sólo los ricos lo pueden hacer.
Las luchas de clases
nunca se presentan en estado puro. Las contradicciones atraviesan a
los distintos bloques que continuamente se forman. Hoy hay con
claridad dos bloques atravesados por multitud de contradicciones
internas. El bloque de la derecha pretende, como dice la inefable
Carrió, que expresa a todo el pueblo. Con claridad hay que decirlo:
En ese bloque como en el otro hay múltiples contradicciones, pero su
triunfo sería el triunfo del neoliberalismo con todo lo peor de su
negra historia.
Las múltiples
contradicciones del otro bloque, especialmente la no ruptura de la
estructura neoliberal, la no recuperación de los hidrocarburos, la
política minera y otras yerbas hacen que no sea fácil acompañarlo en
esta lucha. Pero no hay opciones. Si el golpe de derecha triunfa
habremos retrocedido trágicamente y entonces, a todos los que se
desentendieron habrá que decirles: ¡A llorar a la Iglesia!
Buenos Aires, 15 de junio de 2008
La opción por los ricos
Es probable que en los próximos días una parte de la sociedad
argentina tenga la oportunidad de manifestar su solidaridad con
los productores agropecuarios.
Muchos de
los movilizados en Rosario, la semana pasada, ya cumplieron su
sueño. Ahora les toca a los comerciantes de la Ciudad de Buenos
Aires, a unos cuantos profesionales y a no pocos poligriyos.
Un paro,
un mensaje radial, un brulote en Perfil Digital; el comentario
entre amigos, algún cacerolazo, la charla en el barrio, muchos
mails. Y, para los que no reniegan de su afán de justicia, un buen
sacudón para quedar a la izquierda y clamar la reforma agraria.
Es una
interesante derivación de la inversión de términos registrada
merced a la firme incidencia de la dictadura en la Argentina y de
la (contra) revolución conservadora lanzada en los 80 a nivel
mundial.
Si antes una franja apreciable de la comunidad media abandonaba su
confort para cooperar con la liberación en general y con la
mejoría en la vida popular en especial, ahora otro sector de ese
segmento llamea y se compromete: vamos a luchar por los ricos, esa
es nuestra opción.
Comerciantes, profesionales, y --reitero-- no pocos rascas, han
resuelto considerar indignante que multimillonarios dirigentes
rupestres paguen impuestos. Y aún más: evalúan disparatado que el
Estado les exija blanquear parte de su producción y su personal.
Los clamores
son contundentes: el gobierno no hace gestos, la presidenta
es soberbia, el ojos torcidos es autoritario, el bigotón odia
al campo. Y todo se desplaza por un mar de caracterizaciones
espirituales, adjetivos y sensaciones, mientras las banderas
reales piden no pagar impuestos y no blanquear.
(Hace
tiempo, en Almacenes Chinos, expliqué porqué el bueno de Don
Manolo era observado de reojo por los ñatos de por acá. Y luego,
en El desprecio, señalé los rasgos esenciales de esas personitas.
Lo cierto es que cada vez que crece el PBI y aumentan las ventas
de los comercios, el trabajo de los profesionales y las
oportunidades para los buscas, todos ellos ponen el grito en el
cielo.)
Vamos: la
opción de una clase en beneficio de otra, contiene un trazo de
universalidad. Y así como una generación de muchachos de las capas
medias bregaron por la justicia social para todos, ahora tenemos a
una pequeña multitud que lucha para expandir la pobreza. Es tan
solidaria esa entrega, que se incluye.
Si la
"Sociedad Rural" vuelve a gobernar junto a sus aliados liberal
- conservadores, como lo hizo durante la dictadura y durante el
menemismo, volverán a caer las ventas para los pajarones que
crecieron en los últimos cuatro años y volverá a resentirse el
espacio comercial de técnicos y profesionales que han cambiado sus
autos y arreglado sus casas. Los poligriyos seguirán siendo
poligriyos, un poco más precarios.
El batifondo ensordecedor
Ahora bien, todos esos marmotas, al sumarse a esta protesta para
evadir impuestos y negar el blanqueo, nos privan de verdaderas,
genuinas y necesarias exigencias de justicia social para el
conjunto de la población; demandas que bien podrían estar
asentadas en ese crecimiento.
Por estas
horas numerosos sindicatos y organizaciones sociales están
planteando la necesidad de mejoras salariales, condiciones
laborales más justas y distribución equitativa de la riqueza. De
hecho, están señalando la necesidad de trascender el modelo
agroexportador para impulsar una Argentina industrial, enlazada a
América latina.
La gilada
los mira y dice "son patota alquilada por el gobierno". Llora por
el destino de Eduardo Buzzi condenado a pasar un par de días sin
camioneta, y se pregunta "¿quién les paga a esos tipos?". Se
desmarca de la negritud y con aires republicanos se zambulle en el
afán justiciero para pedir que el país vuelva atrás, en lugar de
salir hacia adelante.
Debido al
exasperante poder de las compañías concentradas y a los efectos
del lockout, los precios aumentan. En lugar de cuestionar al
Estado por no imponer su poder y controlarlos a fondo, se
solidariza con los formadores de precios y con los cortes que
impiden el paso de mercaderías. En vez de señalar que Guillermo
Moreno se queda corto, dicen que es autoritario.
Es cierto
que "los medios". Si, claro. A mi no me la van a contar.
Pero esta gentuza, comerciantes, profesionales y buscas, por
sintetizar injustamente en un haz a los boludos de izquierda a
derecha y del centro al vacío, no necesitó de grandes
conglomerados televisivos para apoyar los avances liberal -
conservadores en el 55 y en el 76.
La opción
por los ricos atraviesa su ser. Es un compromiso serio, coherente
y de larga data. Los llevó a delatar, y a celebrar la muerte de
sus hermanos sociales, cuando éstos cometieron el dislate de optar
por los pobres. La opción por los ricos es toda una convicción, un
programa activo, una manera de acercarse a la cúspide aunque sea
como masa de maniobra.
Y dicen:
Sos una conchuda (las organizaciones feministas, en silencio).
Y dicen Montoneros Asesinos (las corrientes de izquierda,
en silencio). Y desde la soja dicen Viva el campo (las
fundaciones ecologistas, en silencio). Y dicen muchas más cosas
que da verguenza ajena reproducir. Y hasta Vivan a la Patria.
Pero la cosa
no termina ahí, al menos para uno. Porque con cuestionarlos, no
basta. Tenemos entre manos un tema muy serio. Cuando la sociedad
se debate entre elaborar un futuro mejor o retomar la receta del
atraso, estos segmentos eligen el deterioro aunque los incluya y
los damnifique.
Con su
vocecitas amplificadas opacan las voces de quienes necesitamos
cuestionar aspectos centrales de la política oficial con el
objetivo de debatir empleo, industria, energía, recursos
naturales, finanzas, impuestos e ingresos desde una perspectiva
nacional y popular. Y ante la posibilidad del emerger de un émulo
de José Alfredo Martínez de Hoz, emblocan a quienes no podemos
admitir una salida por derecha de este panorama.
Tremendamente funcionales, esos sectores lo volvieron a hacer.
Como si nada hubiera ocurrido en otras instancias históricas,
volvieron a optar por respaldar a quienes los aplastan y nos
aplastan. Son el comodín de la oligarquía. O el condón. Lo cual
exige, de un pueblo que brega por mantenerse consciente en medio
de la bulla, un razonamiento profundo para establecer una política
que los fragmente, los anule y, en tanto sea posible, los disuada
de semejante lugar en la historia.
Esta
asignatura pendiente de los sectores populares argentinos es una
de las claves del futuro.
Si alguien
anhela ser pobre optando por promover a quien lo esclaviza, debe
ser neutralizado en su capacidad de acción política, porque el
daño que provoca nos abarca a todos. La labor gubernamental en ese
sentido no ha sido eficaz, como puede observarse. Por eso, la
elaboración de una alternativa superadora del proceso en marcha,
que apuntale sus aciertos y releve sus torpezas, empieza a
sentirse como una necesidad colectiva.
Sin embargo,
esa búsqueda no puede estar asentada en la sumatoria de vertientes
social y económicamente antagónicas. Entre el liberalismo -
conservador y el gobierno nacional, la única perspectiva de
sostener la vida misma sobre este país, evitando el efecto tierra
arrasada, es respaldar a Cristina. Es a partir de allí que se
puede polemizar, cuestionar y superar este proceso.
Perfilar un
acuerdo circunstancial con el eje articulador de la entrega y la
corrupción, la Sociedad Rural y Carbap, es condenarse a luchar por
ellos. Ellos, son la Muerte.
Venía
caminando con un joven amigo, de vuelta del fútbol, y me
interrogó: dicen que a la gente que fue a Salta le pagaron, la
obligaron, le pusieron los micros. Le contesté: los que fueron a
Rosario lo hicieron con nuestra plata. Nadie le pregunta nada a
los ricos, todos se ocupan de cómo hacen las cosas los pobres.
Ya lo había
señalado don Arturo. El vecino que se compra un saco nuevo suscita
comentarios, y hasta bronca. El señorón que usa un saco nuevo en
cada salida, genera admiración y respeto.
Miles de argentinos han
resuelto luchar por los señorones. Ya lo han hecho antes, con
éxito, y han contribuido a hundir una gran Nación. Tendremos que
reflexionar a fondo qué haremos nosotros.
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