ASOCIACION  CIVIL

D.P.P.J. MAT. 25.179

Entusiasmado, el 27 de febrero de 1812 el general Manuel Belgrano enarboló por primera vez la Bandera Nacional en las barrancas del río Paraná, en Rosario

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Ese gran desconocido

Pocos países en el mundo tienen la enorme fortuna de contar en su historial con figuras de la talla de, Belgrano . Y esto no debe (no puede) ser un dato menor. El pueblo que tiene ese privilegio debe hacerse acreedor al mismo, y eso lo elevará e impulsará a la grandeza.

Belgrano, ese gran desconocido para la mayoría de los argentinos, de quien se sabe, apenas, que fue “el creador de la Bandera ”.Fue eso, pero también mucho más que eso.

Pocos saben que nació también en Junio, el día 3 de ese mes, del año 1770, en Buenos Aires, siendo bautizado con los nombres de Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano Peri y González Casero.

Fue el octavo de 16 hermanos. Su padre era italiano, genovés, comerciante y Capitán del Regimiento de Caballería de Milicias de Buenos Aires, y su madre una porteña que pertenecía a antiguas familias criollas de Santiago del Estero. Habiendo nacido en Junio, mes consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, recibió ese nombre.

En el convento de Santo Domingo estudió las primeras letras, y como sus padres, perteneció a la Tercera Orden Dominica-na. Por eso sus restos reposan en ese convento.
Cursó sus estudios secundarios en el Real Convictorio Carlino, del que egresó como Licenciado en Filosofía.

En España, estudió primero en la Universidad de Salamanca y luego en la de Valladolid, en la que se graduó en leyes como abogado, desechando la idea de cursar el doctorado. Luego, hizo en España práctica tribunalicia y estudió idiomas.

Las ideas de Belgrano

En toda su formación, Belgrano recibió una educación aristotélico-tomista, siendo las enseñanzas filosóficas de Santo Tomás las que guiaron y estructu-raron su intelecto y su personalidad.

Por eso, cuando la Asamblea del Año XIII lo recompensa con 40.000 pesos por su triunfo en la Batalla de Tucumán, Belgrano le responde: “Cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien que el dinero o las riquezas, y que adjudicarlos en premio, no solo son capaces de excitar la avaricia de los demás, he creído propicio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi Patria, destinar los expresados 40.000 pesos para la dotación de escuelas públicas de primeras letras”.

Por sus conocimientos, expresados en sus escritos y en su gestión como Secretario del Consulado, Belgrano fue el primer economista argentino. Comprendió que el contrabando y el centralismo del puerto de Buenos Aires “reducirán las riquezas a unas pocas manos que arrancan el jugo de la Patria y la reducen a la miseria”.

En este aspecto, también fue el primer industrialista, ya que no se quedó con las ideas de los economistas fisiócratas como Quesnay que veían exclusivamente en la agricultura la clave de la riqueza, sino que escribió: “Las producciones de la tierra y de la industria son la base de todo comercio.

El modo más ventajoso de exportar las producciones excedentes de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturarlas”. Y fue además un precursor del proteccionismo que hoy practican todos los países desarrollados del mundo, afirmando: “La importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican el progreso de sus manufacturas y sus cultivos lleva tras de sí necesariamente a la ruina de una nación”.

Fue Belgrano el primer periodista argentino, ya que fundó y editó en 1801 el “Telégrafo Mercantil” junto a Francisco Cabello y Mesa.

Este fue el primer periódico de nuestra histo-ria, y en él Belgrano escribía sus magníficos artículos, dirigiendo y redactando también el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, fundado en 1802 por Hipólito Vieytes a instancia suya.

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1812: un año clave


El mismo año que las tropas napoleónicas se replegaban de Rusia, Belgrano va a protagonizar dos hechos trascendentes que ponen de manifiesto su personalidad y su coraje.

El Primer Triunvirato, órgano de gobierno bajo la influencia de Bernardino Rivadavia, estaba en tratativas secretas con Inglaterra y España. Por estas ocultas tramas de la política, se negaba y postergaba la declaración de nuestra independencia.

Los rivadavianos desconfiaban de Belgrano: era demasiado inteligente, demasiado noble, demasiado patriota.

Pronto confirmaron las razones de su desconfianza. Sin aviso previo, sin solicitar autorización y sin tener autoridad ni cargo que lo habilitara, el General Belgrano ordena izar una bandera en el emplazamiento de dos bate-rías de artillería frente al Río Paraná en las proximidades de la villa del Rosario, y la hace saludar con varias salvas de cañón Belgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre.

La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul.

Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios. fue tomado de la  de la inmaculada Concepción”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.”

Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.

La decisión inconsulta de enarbolar pabellón propio, dejando de lado el español, era algo más que un acto de indisciplina. Era un desafío a la autoridad constituida. De allí que el Triunvirato ordena de inmediato destruir esa bandera y no volver a usarla.

Belgrano marcha con su bandera y se hace cargo del Ejército del Norte. En Jujuy, solemnemente, hace bendecir el paño. Demostrando una capacidad de liderazgo y un conocimiento de las tácticas militares que hoy aún nos admiran, llevó a cabo el Exodo Jujeño, una epopeya sin parangón, que dejó al enemigo “tierra arrasada”, de la misma manera que los rusos en su repliegue ante el avance napoleónico.

Recibe la orden de retroceder hasta Córdoba sin presentar batalla. Vuelve a desobedecer. No puede permitir que el enemigo se apodere de todo el norte argentino. Entrega que, evidentemente, formaba parte de las negociaciones secretas de los rivadavianos con España por orden de sus aliados ingleses. Y libra la Batalla de Tucumán el 24 de Setiembre, Día de la Virgen de la Merced , a quien proclama Generala, paseando su bandera victoriosa. Uno de sus mejores oficiales, José María Paz, destacó en sus Memorias la serenidad de Belgrano en el fragor del combate.

Al conocerse este triunfo, y alentado por el mismo, San Martín subleva el Regimiento de Granaderos a Caballo y depone al Primer Triunvirato el 8 de Octubre de ese año, arrestando a Rivadavia y expulsándolo del país.

En su proclama, San Martín dice: “ Sepa el pueblo que no han de estar las tropas para apuntalar gobiernos corruptos y despóticos”.

Queda desbaratada la trama de la traición, y se aborta la conspiración anti-independentista manejada desde Londres.

El héroe

El 20 de Febrero de 1813, Belgrano se cubre de gloria, desplegando su talento militar ante un enemigo al que engaña y sorprende, atacándolo por retaguardia, tras ocupar una posición a marchas forzadas de noche y bajo la lluvia. Es la Batalla de Salta, que abrió el camino al Alto Perú.

Abogado, político, periodista, militar, Belgrano fue un hombre clave sin el cual nada hubiera sido igual en la historia de la libertad del país.

Con María Josefa Ezcurra, cuñada de Rosas y dama de alcurnia, tuvo un hijo en 1813, bautizado en Santa Fe, y a quien el Restaurador dio su apellido: Pedro Rosas y Belgrano. Criado como un hijo más, y educado en la carrera de las armas, Pedro fue Coronel de la Confederación.

En Tucumán, Belgrano conoció a María Dolores Helguero y Liendo, otra joven patricia con quien en 1819 tuvo una hija, Manuela Mónica, reconocida legalmente por el prócer.

Tal vez pocas de sus frases lo definan tanto como esta: “Trabajé siempre para mi Patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.

El General Belgrano murió a la edad de 50 años, el 20 de Junio de 1820, en momentos en que el país se debatía en la anar-quía. Un solo periódico, el dirigido por el Padre Francisco Castañeda, (fraile que luego fue perseguido por Rivadavia) mencionó la muerte del gran prócer.

El último pensamiento y las últimas palabras de Belgrano fueron para su país: “¡Ay, Patria mía!”.         

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20 de Junio

Día de la Bandera

El Triunvirato había aprobado días antes el uso de la escarapela blanca y celeste, decretando: "Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste...". Entusiasmado, el 27 de febrero de 1812 el general Manuel Belgrano enarboló frente al Ejército por primera vez la Bandera Nacional en las barrancas del río Paraná, en Rosario (Santa Fe). Inspiró sus colores celeste y blanco en la escarapela nacional. La bandera originaria se ha perdido. Se ignora si estaba formada por tres franjas o por dos, y la disposición de las mismas. Allí, en las baterías "Libertad" e "Independencia", la hizo jurar a sus soldados. Luego, mandó una carta al gobierno comunicando el hecho. Este mismo día, el Triunvirato le ordenó hacerse cargo del ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui.

El Triunvirato contestó la carta de Belgrano ordenándole que disimulara y ocultara la nueva bandera y que, en su lugar, pusiese la que se usaba entonces en la capital. Pero cuando la orden salía de Buenos Aires, Belgrano ya marchaba hacia el norte y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del gobierno a la nueva bandera.

Así, el 25 de mayo de 1812, al frente del ejército del Norte, el entonces general en jefe movilizó sus tropas hacia Humahuaca. En San Salvador de Jujuy nuevamente enarboló al ejército de su mando la bandera en los balcones del Ayuntamiento, en vez del estandarte real de costumbre que presidía las festividades públicas. Allí, la bandera argentina fue bendecida por primera vez. En junio, el Triunvirato ordenó nuevamente a Belgrano que guardara la bandera y le recriminó su desobediencia.

Sin embargo, todavía hoy, a pesar de todo, esa bandera de diseño sencillo sigue conmoviendo hasta las lágrimas a los argentinos

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