"Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los
argentinos"...
Los
antiguos cristianos tuvieron mártires en defensa de su Fe, que no
renunciaron a sus ideas a pesar de cantos de sirena que les prometían
lo inmediato en lugar de lo espiritual en el futuro.
Aquellos
hombres y mujeres dieron testimonio, con su vida, de lo que creían y
sostenían con sinceras convicciones.
Los
tiempos pasaron, y hoy hay también testimonios que debemos honrar, al
margen de nuestra postura política, debido a la calidad humana y
patriotismo de quienes lo dan.
Uno de ellos es el de Juan
José Valle y quienes lo acompañaron el 9 de julio de 1956 en
Argentina. Recordémoslo y presentémoslo como ejemplo a las nuevas
generaciones, que tienen mucho que aprender de hombres dignos y con
valores.
Los fusilados,
según un informe oficial del 11 de junio, fueron: coronel (R)
Alcibíades Eduardo Cortines; coronel (R) Ricardo Salomón Ibazeta,
teniente coronel (R) Oscar Lorenzo Cogorno; capitán Dardo Nestor
Cano; capitán Eloy Luis Caro; tTeniente primero Jorge Leopoldo
Noriega; teniente primero de banda Nestor Marcelo Videla;
suboficial principal Miguel Garecca; sargento Hugo Eladio Quiroga;
cabo primero músico Miguel José Rodríguez; sargento ayudante de
infantería Isauro Costa; sargento ayudante carpintero Luis
Bugnetti; sargento músico Luciano Isaías Rojas; Vicente Rodríguez;
Nicolás Carranza; Carlos Alberto Lizaso; Francisco Garibotto,
Reinaldo Benavídez; coronel Albino Irigoyen; Capitán (RE) Jorge
Miguel Costales; Clemente Braulio Ross; Norberto Ross; Osvaldo
Alberto Albedro; y Dante Hipólito Lugo.
El día 12 de junio un comunicado
oficial expresa: "Fue ejecutado el ex general Juan José Valle,
cabecilla del movimiento terrorista sofocado". Para fusilar al
general Valle, que se entregó voluntariamente a las
autoridades militares, el gobierno de facto aplicó en forma
retroactiva la ley marcial ya derogada.
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Proclana del Movimiento de Recuperación Nacional
Las
horas dolorosas que vive la República, y el clamor
angustioso de su pueblo, sometido a la más cruda y
despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las
armas para restablecer en nuestra patria el
imperio de la libertad y la justicia al amparo de
la Constitución y las leyes.
Como
responsables de este Movimiento de Recuperación
Nacional, integrado por las Fuerzas Armadas y por
la inmensa mayoría del pueblo —del que provienen y
al que sirven— declaramos solemnemente que no nos
guía otro propósito que el de restablecer la
soberanía popular, esencia de nuestras
instituciones democráticas, y arrancar a la Nación
del caos y la anarquía a que ha sido llevada por
una minoría despótica encaramada y sostenida por
el terror y la violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad ante la
historia, comprendemos que nuestra decisión es el
único camino que nos queda para impedir el
aniquilamiento de la República en una lucha
estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más
inevitable e inminente.
Deploramos que precisamente desde el gobierno se
haya cerrado sistemáticamente toda posibilidad de
pacificar la República y alcanzar la armonía entre
los argentinos, en contraposición con el sentido
de responsabilidad, la tolerancia y la paciencia
patriótica del pueblo.
La
Nación entera, y con ella la tranquilidad, el
bienestar y la dignidad de los argentinos han
caído en manos de hombres y de fuerzas que
aceleradamente retrotraen a la patria a épocas de
sometimiento, de humillación y de vergüenza.
Su
acción nefasta ha desquiciado y lesionado
profundamente el orden político, económico y
social de la República.
Este Movimiento de
Recuperación Nacional, se lanza a la acción
revolucionaria con objetivos claros y un programa
concreto para restablecer la soberanía y la
justicia social y devolver al pueblo el pleno goce
de su libertad y sus derechos.
Declara objetivos fundamentales de su
acción:
En lo político
Han
violado y desconocido el imperio de la
Constitución y de las leyes, sustituyéndolo por
un llamado "derecho de la Revolución", que no es
otra cosa que el entronizamiento de la
arbitrariedad, sin más normas ni vallas que la
omnímoda voluntad de los que detentan el poder.
Se
han avasallado así las garantías y derechos
individuales, sustituyéndose a instituciones y
personas de la jurisdicción de sus jueces
naturales, sometiéndolos a tribunales y
comisiones especiales expresamente prohibidas
por la Constitución.
Se ha
perseguido, encarcelado y confinado en
verdaderos campos de concentración a miles de
argentinos no sometidos a proceso y privados del
derecho a la defensa, por razones ideológicas o
políticas.
Por
idénticas razones se ha privado a miles de
argentinos de derechos esenciales, como el
acceso a los empleos públicos y la participación
activa en la vida cívica de la Nación, sin que
tan graves penas provengan de la decisión de la
justicia y ni siquiera del juzgamiento de la
conducta de los inculpados.
Como
consecuencia de esta arbitrariedad
discriminatoria, que divide a los argentinos en
réprobos y elegidos, se ha privado de sus
empleos a miles de ciudadanos, sin tenerse en
cuenta ni su antigüedad, ni su idoneidad, ni su
conducta.
Se ha
excluido de la vida cívica del país a la fuerza
mayoritaria con el pretexto de inmoralidades y
desviaciones en la conducta de algunos sus
dirigentes; verdadera aberración jurídica y
moral que podría llevar a la exclusión de todos
los partidos, desde que todos padecen o
padecieron en algún momento de males similares.
Se ha
fomentado y organizado desde el gobierno la
delación y el espionaje contra personas e
instituciones, inclusive contra las Fuerzas
Armadas.
Se ha
impedido la libertad de prensa, uniformada al
servicio del gobierno, interviniendo y
entregando arbitrariamente los diarios y
revistas a sectores políticos minoritarios
adictos al mismo, clausurando los desafectos e
impidiéndose la aparición de nuevos órganos de
opinión independiente.
Todo
ello unido a la monstruosidad totalitaria de un
decreto-ley que bajo penas gravísimas prohíbe a
los ciudadanos hasta el uso o empleo individual
de palabras, fechas, símbolos, fotografías,
nombres y expresiones que se proscriben,
configuran los hechos más salientes de un plan
siniestro, destinado a ahogar la libre expresión
de la ciudadanía, y entronizar en el poder a
minorías antinacionales que en su hora
enajenaron el patrimonio del país y traficaron
con el hambre y el dolor de los trabajadores
argentinos.
Este
desborde de la arbitrariedad ha culminado con la
abolición de la Constitución Nacional vigente,
sancionada por una Convención Reformadora
libremente elegida por el pueblo, con la
participación de los mismos sectores políticos
que apoyan a la tiranía, Constitución que
juraron acatar y defender los mismos que hoy la
vulneran y suprimen a espaldas del Pueblo y al
margen de su libre voluntad soberana, con el
evidente propósito inconfesable de abolir
disposiciones como las del artículo 40, que
impiden la entrega al capitalismo internacional
de los servicios públicos y las riquezas
naturales del país, juntamente con otras también
fundamentales como las que sancionan los
derechos del trabajador y las que estatuyen la
función social de la economía y la riqueza.
Por
un acto arbitrario y despótico se reimplanta una
Carta Fundamental ya superada por la realidad
política, económica y social de la República, al
amparo de cuya imprevisión y laxitud fue posible
en otras épocas la entrega del país a las
fuerzas internacionales del capitalismo y el
sometimiento, el hambre y la humillación de
nuestro pueblo.
Y
para hacer más evidente la burla a la ciudadanía
y la prepotencia de la arbitrariedad, ni
siquiera se la reimplanta en todo su vigor como
norma de convivencia o valla del poder, sino "en
tanto y en cuanto no se oponga a los fines de la
Revolución", vale decir, en cuanto no se oponga
a la voluntad omnímoda e Incontrolada del
gobierno. Jamás, en toda la historia, gobierno
alguno ha tenido el descaro de hacer semejante
profesión de tiranía y despotismo.
En lo económico
Se
han tomado medidas tendientes a quebrantar la
industria nacional, depreciar la moneda, crear
el desaliento en la inversión de capitales
útiles, elevar los precios acentuando el
desequilibrio entre éstos y los salarios,
provocar sectores importantes de desocupación,
que llevarán por hambre a los obreros a
someterse a la voluntad del capitalismo.
Todo
ello unido al desprestigio internacional de
nuestra economía por el propio gobierno, a la
acelerada contratación de empréstitos
extranjeros y a la adopción de determinados
compromisos anteriores, constituyen etapas de un
plan destinado a retrotraer al país al más crudo
coloniaje, mediante la entrega al capitalismo
internacional de los resortes fundamentales de
su economía.
En lo social
Se
han desconocido legítimas conquistas de los
trabajadores, se ha destruido la organización
sindical —base indispensable de la paz social y
del progreso del país—, mediante la intervención
a la Central Obrera y a todos los sindicatos.
Se ha
perseguido, encarcelado y confinado a miles de
trabajadores, y se los ha privado
arbitrariamente del derecho elemental de
intervenir activamente en la vida de las
organizaciones a que pertenecen.
En
síntesis, desde el propio gobierno se ha
realizado una acción sistemática tendiente a
destruir la organización sindical y anarquizar a
los trabajadores, acción que persigue la
finalidad inconfesable de debilitar el frente
social para posibilitar el camino del
sometimiento del pueblo, y con él, del
sometimiento de toda la Nación.
En las Fuerzas Armadas
Se ha
tratado en toda forma de minar su unidad y su
armonía y se han desquiciado sus cuadros con la
baja o retiro obligatorio de centenares de
jefes, oficiales y suboficiales que honraban a
la institución por sus virtudes morales y su
capacidad profesional.
Al
mismo tiempo se ha obligado a muchos oficiales
al desempeño de funciones civiles incompatibles
con su estado militar, creándose hacia la
institución un lógico resentimiento y
desconfianza del pueblo, difícil de superar, y
que es la semilla más criminal que podía haberse
sembrado para dividir y anarquizar a la Nación.
Esto
es, en lo fundamental, el panorama trágico de
las horas difíciles que vive la República. La
proliferación de conflictos sindicales, los
actos diarios de sabotaje en todo el territorio
del país y el continuo descubrimiento en toda la
República de planes subversivos o actos de
insurrección, denunciados por el propio
gobierno, no son (como él pretende, para
encubrir su responsabilidad y engañar a la
opinión) fruto de la acción aislada de personas
perturbadoras, sino síntoma del clima de
opresión y subversión en que vive la República y
expresión evidente del espíritu indomable y de
la decisión del pueblo de reconquistar su
libertad.
Tan grave estado de
cosas impulsa nuestra determinación y nos decide
a recoger el clamor unánime del pueblo, antes de
que la República desemboque en una lucha
fratricida que terminará por destrozarla.
El programa del Movimiento de Recuperación
Nacional
' Restablecer el Estado de derecho
mediante la vigencia plena de la
Constitución Nacional y el imperio de la
justicia en un ambiente de real libertad y
pura democracia.
· Consolidar la soberanía popular mediante
la realización de elecciones generales en
todo el país en un plazo no mayor de 180
días, con plenas garantías para todos los
partidos políticos en el proceso electoral
y preelectoral, incluida la utilización
con iguales derechos de todos los medios
de expresión y difusión.
· Prescindencia absoluta del gobierno en
materia electoral y fiscalización de los
comicios por las Fuerzas Armadas.
· Libertad efectiva y absoluta de prensa
para todos los sectores de la opinión.
· Amnistía general y derogación de todos
los decretos y medidas discriminatorias
dictados por razones ideológicas o
políticas.
· Libertad de todos los presos políticos y
sometimiento a la justicia competente de
los que hubiesen cometido delitos comunes.
· Reincorporación de los empleados y
obreros eliminados arbitrariamente por
razones ideológicas o políticas.
· Levantamiento de las interdicciones a
personas y empresas e intervención de la
justicia en los casos de violación de las
leyes en vigor.
· Rehabilitación de los partidos políticos
privados de personería v plena libertad
para la formación de nuevas fuerzas,
dentro de las normas establecidas por la
legislación vigente.
· Revisión de las medidas de carácter
económico y financiero que pudieran
lesionar los intereses nacionales.
· Revisión de las medidas económicas y
financieras que afectan seriamente el
desarrollo de las actividades productivas.
· Restablecimiento de la plena ocupación y
adopción de medidas para contener el alza
del costo de la vida.
III - En lo social
· Devolución del gobierno de los
sindicatos a los trabajadores y elección
por los mismos de las autoridades de la
Central Obrera en un plazo de 45 días.
· Libertad inmediata a todos los
dirigentes y obreros detenidos por razones
políticas o gremiales.
· Renovación de los convenios de trabajo,
de común acuerdo entre los trabajadores y
empresarios, mediante los procedimientos
determinados por la
legislación vigente al 20 de setiembre de
1955.
· Derogación de los decretos y medidas
discriminatorias que impiden a miles de
obreros su participación en la vida de los
organismos gremiales.
IV - En las Fuerzas Armadas
· Reestructuración de las mismas con
vistas a las necesidades de la defensa
nacional.
· Reincorporación de jefes, oficiales y
suboficiales que poseyendo valores
profesionales y morales hayan sido dados
de baja o retirados por razones políticas
o ideológicas.
· Mantenimiento de los actuales cuadros
con la única excepción que determinen los
tribunales y organismos competentes que
establece la ley.
V - En el orden internacional
· Respeto y cumplimiento de todos los
convenios, pactos y compromiso
internacionales concertados por el país
dentro de las normas constitucionales y
legales.
· Suspensión de
la ejecución de aquellos compromisos
contraídos en violación de tales normas, a
fin de que oportunamente sean considerados
por las autoridades legalmente
constituidas por los órganos y
procedimientos que estatuye la
Constitución Nacional.
Sosteniendo tales principios y
comprometiendo ante el pueblo de la
República el fiel y estricto
cumplimiento de los objetivos señalados,
el Movimiento de Recuperación Nacional
toma las armas, en defensa de la patria,
decidido a pacificar la nación por el
camino de la verdadera libertad, en el
respeto de la Constitución y la Ley.
No hacemos cuestión de banderías porque
luchamos por la patria que es de todos.
No nos mueve el interés de ningún hombre
ni de ningún partido.
Por ello, sin
odios ni rencores, sin deseos de
venganza ni discriminaciones entre
hermanos, llamamos a la lucha a todos
los argentinos que con limpieza de
conducta y pureza de intenciones, por
encima de las diferencias
circunstanciales de grupos o partidos,
quieren y defienden lo que no puede
dejar de querer y defender un argentino:
la felicidad del pueblo y la grandeza de
la Patria, en una nación socialmente
justa, económicamente libre y
políticamente soberana.
¡Viva la Patria!
Buenos Aires, 9 de junio
de 1956.
_________________________________________
Carta del general Juan
José Valle antes de ser fusilado,
dirigida a Pedro Eugenio Aramburu
Dentro de pocas horas usted
tendrá la satisfacción de
haberme asesinado. Debo a mi
Patria la declaración fidedigna
de los acontecimientos. Declaro
que un grupo de marinos y de
militares, movidos por ustedes
mismos, son los únicos
responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les
pareció digno inducirnos al
levantamiento y sacrificarnos
luego fríamente.
Nos faltó astucia o perversidad
para adivinar la treta. Así se
explica que nos esperaran en los
cuarteles, apuntándonos con las
ametralladoras, que avanzaran
los tanques de ustedes aun antes
de estallar el movimiento, que
capitanearan tropas de represión
algunos oficiales comprometidos
en nuestra revolución.
Con fusilarme a mí bastaba. Pero
no, han querido ustedes,
escarmentar al pueblo, cobrarse
la impopularidad confesada por
el mismo Rojas, vengarse de los
sabotajes, cubrir el fracaso de
las investigaciones,
desvirtuadas al día siguiente en
solicitadas de los diarios y
desahogar una vez más su odio al
pueblo. De aquí esta
inconcebible y monstruosa ola de
asesinatos. Entre mi suerte y la
de ustedes me quedo con la mía.
Mi esposa y mi hija, a través de
sus lágrimas verán en mí un
idealista sacrificado por la
causa del pueblo. Las mujeres de
ustedes, hasta ellas, verán
asomárseles por los ojos sus
almas de asesinos.
Y si les sonríen y los besan
será para disimular el terror
que les causan. Aunque vivan
cien años sus victimas les
seguirán a cualquier rincón del
mundo donde pretendan
esconderse. Vivirán ustedes, sus
mujeres y sus hijos, bajo el
terror constante de ser
asesinados. Porque ningún
derecho, ni natural ni divino,
justificará jamás tantas
ejecuciones. La palabra
'monstruos' brota incontenida de
cada argentino a cada paso que
da.
Conservo toda mi serenidad ante
la muerte. Nuestro fracaso
material es un gran triunfo
moral. Nuestro levantamiento es
una expresión más de la
indignación incontenible de la
inmensa mayoría del pueblo
argentino esclavizado.
Dirán de nuestro movimiento que
era totalitario o comunista y
que programábamos matanzas en
masa. Mienten. Nuestra proclama
radial comenzó por exigir
respeto a las Instituciones y
templos y personas. En las
guarniciones tomadas no
sacrificamos un solo hombre de
ustedes. Y hubiéramos procedido
con todo rigor contra quien
atentara contra la vida de
Rojas, de Bengoa, de quien
fuera. Porque no tenemos alma de
verdugos. Sólo buscábamos la
justicia y la libertad del 95%
de los argentinos, amordazados,
sin prensa, sin partido
político, sin garantías
constitucionales, sin derecho
obrero, sin nada. No defendemos
la causa de ningún hombre ni de
ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más
beneficiados por el régimen
depuesto, y sus más fervorosos
aduladores, hagan gala ahora de
una crueldad como no hay memoria.
Nosotros defendemos al pueblo, al
que ustedes le están imponiendo el
libertinaje de una minoría
oligárquica, en pugna con la
verdadera libertad de la mayoría,
y un liberalismo rancio y laico en
contra de las tradiciones de
nuestro país. Todo el mundo sabe
que la crueldad en los castigos la
dicta el odio, sólo el odio de
clases o el miedo. Como tienen
ustedes los días contados, para
librarse del propio terror,
siembran terror.
Pero inútilmente. Por este
método sólo han logrado hacerse
aborrecer aquí y en el
extranjero. Pero no taparán con
mentiras la dramática realidad
argentina por más que tengan
toda la prensa del país alineada
al servicio de ustedes. Como
cristiano me presento ante Dios
que murió ajusticiado,
perdonando a mis asesinos, y
como argentino, derramo mi
sangre por la causa del pueblo
humilde, por la justicia y la
libertad de todos no sólo de
minorías privilegiadas. Espero
que el pueblo conocerá un día
esta carta y la proclama
revolucionaria en las que quedan
nuestros ideales en forma
intergiversable.
Así
nadie podrá ser embaucado por el
cúmulo de mentiras
contradictorias y ridículas con
que el gobierno trata de
cohonestar esta ola de matanzas
y lavarse las manos sucias es
sangre.
Ruego a Dios que mi
sangre sirva para unir a los
argentinos
Viva la patria
Juan José Valle
Buenos Aires, 12
de junio de 1956
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